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Danny Boyle, tras su pequeño bache creativo en Usa, declaraba que volvía a sus orígenes en Inglaterra para dirigir una pequeña película de género, de terror apocalíptico. La pequeña película ha resultado ser una de sus mejores obras, casi al nivel de Trainspotting.
Basándose en la tradición de George A. Romero y su cine de zombies y en otros clásicos inconfesables ( por ejemplo "El Ultimo hombre vivo", 1971, con un Charlton Heston empeñado en exhibir sus pectorales ), esta película se eleva sobre la mera categoría de película de terror para dar cabida a una loable protesta ecológica sobre el rumbo que lleva la humanidad hacia su propia destrucción.
Boyle vuelve a una de sus típicas obsesiones: ¿es posible reconstruír la sociedad desde el principio, partiendo de cero?. Sí, pero el estigma de Caín perduraría.
En esta emocionante epopeya llena de suspense se nota también el toque de cámara Boyle; con la novedad de tratarse ahora de cámaras digitales al estilo Von Trier o Dogma, para dar más realismo a la historia.
El espectador es apabullado por miles de fotogramas y montaje vertiginoso, lo cual puede fatigar pero provoca una extraña sensación onírica. Las escenas de Londres desierta son estremecedoras.
Su próximo proyecto es una comedia de ciencia-ficción, sobre la introducción del euro en Inglaterra. Menos mal que el bueno de Boyle conserva su independencia y nos seguirá regalando cine disfrutable...
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Después de ensombrecer su currículum durante su paso por Hollywood, Danny Boyle ha regresado a Inglaterra para volver a sus orígenes. Y así ha sido! Lo que nos presenta ahora es una espectacular película de terror y suspense del bueno, del que hace sudar en el cine.
En un Londres devastado, un joven, quizás el último superviviente, deberá hacer frente a un terrible virus de la Rabia extendido a través de unos primates (impresionante ya el inicio de la peli) y personificado en unos silenciosos y extremadamente salvajes zombies.
Como en "Tumba Abierta" (1994), el eje principal es sólo una excusa para adentrarse en otros terrenos más profundos, más psicológicos y más terroríficos de lo que esperamos. ¿Es realmente un virus la amenaza de la raza humana?.
La película fué rodada íntegramente en formato digital, lo que dió a Boyle total libertad de presupuesto, le permitió rodar las escenas de las ciudades vacias en cuestión de minutos y se ajusta perfectamente al estado post-caos del filme. Boyle nos deleita, además, con un esmeradísimo cuidado en la fotografía de cada uno de los planos.
Pese a algunas dudas en la primera parte, la cinta nos ofrece una progresión en la historia directamente proporcional a la de su protagonista, Cillian Murphy, un excelente actor en la misma línea de Ewang McGregor.
Terror psicológico, suspense y la misma miseria humana en un plato de exquisita degustación.
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La película cambia demasiado cuando aparecen los militares. Una pena.
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The Invasion of the Body Snatchers con algunas variantes en plan Danny Boyle, entretenida.
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Es curioso cómo Boyle consigue realizar largos tan contundentes y llenos de imaginación con guiones tan poco desarrollados. Aquí nos sumerge en un mundo tan irreal como posible; recuerda a cine de terror clásico, al Señor de las Moscas, un road movie
28 días después
28 days later
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