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Que Oliver Stone ha dejado de ser una garantía ya lo sabíamos. Inmerso últimamente en pseudo-documentales oportunistas este director ha ido cayendo en absurdas obras y aquí tenemos el último ejemplo.
Sirva como ejemplo que el mejor y único plano destacable de la película (caballo y elefante erguidos a dos patas en medio de una batalla), sucede como a las dos horas del metraje. Nada pueden hacer los actores, tan desafortunados como el director.
Menos mal que el guión (la historia) no lo han escrito ellos. No deja de sorprender que permitan toda la violencia imaginable para recrear las batallas y, sin embargo, pongan el grito en el cielo ante el amor entre dos hombres. Este aspecto dió todo el marketing que la película necesitaba y es justo decir que Stone lo ha tratado elegante y fielmente según la cultura Griega.
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Una bazofia de película. Ben-Hur sigue posicionada como la "épica histórica" por excelencia..
alejandro magno
alexander
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